Quítate la ropa

Respiró hondo antes de encender el ordenador. Sentía como un océano de nervios la invadía por dentro. Desde el estómago hasta la boca. Desde la boca hasta el cerebro. Desde el cerebro hasta la parte más íntima de su cuerpo. Le tembló el pulso cuando introdujo el usuario y la contraseña. Otra vez lo mismo de siempre. Miró con esperanza aquel icono que le indicaba si la conexión se estaba realizando. Una voz estridente y aguda danzaba por su cabeza. “Por favor… que de error”. Sigue leyendo

Anuncios