A medias

Habría deseado pegarse mil puñetazos. ¿Por qué no reaccionáis? Habría fracturado cada uno de sus huesos con la esperanza de sentir algo. ¿Por qué no despertáis? Sigue leyendo

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A cambio de una caricia

Inventaba mil historias. Y cuando no era una era otra. Pero siempre existía algo capaz de caducar su existencia y exprimir hasta el último de sus esfuerzos sus ganas de vivir. Ni siquiera se daba a sí misma la oportunidad de cambiar. De ser feliz. De transformar toda aquella bocanada de negatividad para poder dejar atrás sus quimeras. No. Ella no se lo merecía. Sigue leyendo

Que tú ya no eres

Guardo silencio en mitad de la noche. El mismo silencio sepulcral que me invadió el alma cuando partiste. Espero. Espero con ganas a que tu voz vuelva a resonar vigorosa en mi cabeza. Lloro. Lloro al volver a chocar de frente con el grueso muro de la verdad. La verdad que me exaspera. La verdad que me quema. La verdad que me agota. Que tú ya no eres. Que tú ya no estás.

Aquellas cosas que nunca pude decirte

Cada día te doy las gracias, aunque mis palabras nunca tengan la suficiente fuerza como para atravesar el aire y llegar a tus oídos. Desde el otro lado de la cama, me miras con tanta dulzura que me haces crecer. Consigues que por un instante sueñe con superar cada una de las barreras que la vida ha puesto en mi camino. Tus manos suelen estar frías. Pero siempre las calientas antes de acariciarme las mejillas. Te juro que cuando pueda levantarme nos iremos a todos esos sitios de los que siempre me hablas. A la montaña, donde te criaste; al río, donde aprendiste a nadar; a la sombra de tus experiencias, que te enseñaron a vivir. Lo haremos todo juntos. Haces que sienta que puedo. Y sé que podré. Sigue leyendo

A ciegas

Se apartó el pelo de la cara. Cuando lo hizo sintió en sus dedos el peso de la suciedad. Hacía más de un año que deambulaba sin más peso en sus bolsillos que el de los recuerdos y ni siquiera sabía cuándo había tenido la oportunidad de dedicarle algo de tiempo a su estómago. La vida le había dado aquéllo que él nunca se había merecido. Por eso ya no creía en nada que no fuera la realidad aplastante que desgastaba sus retinas. ¿Fe? ¿Confianza? ¿Ilusión? Todo el mundo intentaba vendérsela. Pero a él ya nada le importaba.