Solo por ellos

Andrea López Zanón.- La ciudad dormía plácidamente mientras el ligero aire nocturno de agosto agitaba las hojas de los árboles. Lejos quedaban los coches, la gente, el tráfico, el murmullo del estrés y la mirada perdida del mundo. A pesar de todo, Eva continuaba sentada bajo la ventana. Los días habían pasado lentos después de aquel trágico verano, después de las lágrimas, las heridas, la torpeza de los sentimientos y la vulnerabilidad de su cuerpo. Sigue leyendo