Rugidos de fuego

Ni siquiera sé qué estábamos haciendo en ese momento. Creo que mi madre estaba cocinando y yo estaba arreglando un poco el salón para cuando mi padre llegara de la granja. Con el crudo frío de invierno siempre tratábamos de tener la estufa de leña encendida. Aunque cada vez era más complicado conseguir tocones para avivar la llama. Los recursos se iban consumiendo entre todos los del pueblo igual de rápido que se consumía el fuego. Sigue leyendo

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El último adiós

Cuando dejó la maleta sobre la cama su despertador marcaba las seis de la tarde. No le gustaba hacer esperar a nadie, pero aquel día había sido muy largo. Ni siquiera era capaz de entender por qué había quedado con alguien al que no le apetecía ver, y esa era una reflexión que no se había podido sacar de la cabeza ni una vez a lo largo de la mañana. No obstante ya había dado su palabra, y se sentiría afligida si se echaba atrás. Sigue leyendo