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Pero qué manía tan insana de inmortalizar cada momento. ¿Que estás en mitad de una cena con tus amigos y, justo cuando le acabas de pegar el mordisco de tu vida a tu bocadillo de lomo con patatas, al gracioso de turno se le ocurre hacer una foto? Pues ale, mastica como si no hubiera mañana, engulle como si fueras una vaca, elimina de tu dentadura ese trozo de carne del tamaño de una isla volcánica y sonríe. Sí sí. Sonríe. Que si no luego es peor. Que la cara de pitbull rabioso nunca queda bien en las redes sociales. Porque esa es otra. Después, hasta la prima de la mejor amiga de la madre de tu compañera de clase se entera de a qué hora has salido a cenar, de con quién has estado y, sobre todo, de qué contenía ese pobre bocadillo que sujetabas con las manos llenas de aceite. Joder, es que una ya no puede cenar tranquilamente. Sigue leyendo

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