Cuestión de fe

Se respira dolor por todas partes. Piernas y brazos de plástico cuelgan de las paredes. Alguna peluca y fotos blanquecinas salpican de historias el gotelé de color hueso. Es algo macabro. No hay ningún rincón en el que alguna plegaria perdida en el tiempo no se materialice en un objeto truculento. Cartas escritas con letras estridentes y curvadas. Vestidos de niña de los años veinte. Rosarios carcomidos y empolvados y el eco de todos y cada uno de los que han volcado sobre esos objetos la esperanza de poder seguir adelante. El suelo está desgastado. Es de azulejos antiguos y forman a lo largo de la habitación varios cuadrados grisáceos, uno más pequeño que el anterior. Huele a incienso eclesiástico. Pero ni el silencio más sepulcral del resto de la iglesia consigue silenciar la cantidad de sufrimiento que alberga la sala. Al fondo un marco muestra la imagen de dos hombres vestidos para ir a la guerra. Sonríen alegres. Despreocupados. Quizá hasta ilusionados por aquella prueba de valentía. En el lado inferior izquierdo un pequeño papel del color del café reza una oración y termina diciendo: “Adiós, hijos míos”. Sigue leyendo

Y toda la culpa la tenía aquella bestia

Las horas habían pasado rápidas. Quizá demasiado. Ahora, sentada en su silla de escritorio, intentaba concentrarse en la novela que tenía entre las manos. Quería pasar desapercibida ante el constante e imparable paso del tiempo. Pero la oscuridad hacía ya rato que había invadido cada pequeño espacio que la rodeaba. Y eso solo podía significar que ya era el momento de enfrentarse a lo que ella tanto odiaba. Sigue leyendo

A cambio de una caricia

Inventaba mil historias. Y cuando no era una era otra. Pero siempre existía algo capaz de caducar su existencia y exprimir hasta el último de sus esfuerzos sus ganas de vivir. Ni siquiera se daba a sí misma la oportunidad de cambiar. De ser feliz. De transformar toda aquella bocanada de negatividad para poder dejar atrás sus quimeras. No. Ella no se lo merecía. Sigue leyendo

Sin remedio

Toda la vida la habían enseñado a sobrevivir en mitad de medios hostiles. A coger su lanza, afilar la punta con la ayuda de una roca y defender su espacio. Toda la vida había pensado que una especie de torrente de energía se había encargado de colocarla en el lugar en el que estaba, como si tuviera una función en la vida, como si su nacimiento no se tratara de una mera casualidad y su experiencia vital fuera a dejar su estela en la historia de la humanidad. Sigue leyendo