Alas rotas

La taza se hizo añicos contra el suelo. La cucharilla que antes flotaba a su alrededor cayó estrepitosamente y apenas tuvo tiempo de atraparla con las manos. Sigue leyendo

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Pureza consumida

Le encandiló la gracilidad de sus pisadas. Parecía que no caminara, sino que acariciara el suelo a su paso. Ni siquiera la escuchó cuando se acercó, pero pudo sentir su energía atravesándole las entrañas. Sigue leyendo

Cuestión de fe

Se respira dolor por todas partes. Piernas y brazos de plástico cuelgan de las paredes. Alguna peluca y fotos blanquecinas salpican de historias el gotelé de color hueso. Es algo macabro. No hay ningún rincón en el que alguna plegaria perdida en el tiempo no se materialice en un objeto truculento. Cartas escritas con letras estridentes y curvadas. Vestidos de niña de los años veinte. Rosarios carcomidos y empolvados y el eco de todos y cada uno de los que han volcado sobre esos objetos la esperanza de poder seguir adelante. El suelo está desgastado. Es de azulejos antiguos y forman a lo largo de la habitación varios cuadrados grisáceos, uno más pequeño que el anterior. Huele a incienso eclesiástico. Pero ni el silencio más sepulcral del resto de la iglesia consigue silenciar la cantidad de sufrimiento que alberga la sala. Al fondo un marco muestra la imagen de dos hombres vestidos para ir a la guerra. Sonríen alegres. Despreocupados. Quizá hasta ilusionados por aquella prueba de valentía. En el lado inferior izquierdo un pequeño papel del color del café reza una oración y termina diciendo: “Adiós, hijos míos”. Sigue leyendo