Hablando sola

Hace unos meses me mudé a otro piso. Necesitaba aires nuevos, gente nueva, y con algo de suerte un poco de vida social. Pensé que cambiar de barrio, de compañeros y de atmósfera me ayudaría a revitalizar mi rutina. Setenta días, doce horas y quince minutos después me doy cuenta de que sigo siendo la misma pringada de siempre. Sigue leyendo

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