Memento mori

Hazme daño una y otra vez. Quema mi piel y haz que a través de mis venas sean mis pensamientos los que ardan. Aráñame por la espalda y no te detengas si mi garganta ruge. Te pediré que pares. Que me escuches. Que puedo hacerlo mejor. Pero tengo de locura marchitado el conocimiento. Y el conocimiento agotado de tantas palabras. Palabras que suenan, pero nunca perforan. Sigue leyendo

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Ojalá, Susana, ojalá

Lo siento. Siento no haberte podido sacar de esa caja de madera acolchada. Siento no haber podido prestarte parte de la vida que todavía me queda. Siento no haberme podido poner en tu lugar, aunque solo fuera por unos días, para que pudieras disfrutar sin la sombra amenazante de esta maldita enfermedad. Lo siento, y lo siento de verdad. Sigue leyendo

Yo juego al #PokémonGo, y no soy idiota

“¿En serio juegas al Pokémon Go?”. Una cara de asco para acompañar el tono irritante. “La gente que juega a eso es imbécil”. Las cejas muy juntas, formando una uve sobre la nariz y enseñando un rostro enfadado. “Lo que me preocupa es que los jóvenes ya no buscan trabajo, solo buscan pokemons”. Mirada de resignación, con los ojos medio cerrados y un movimiento asimétrico de la cabeza hacia ambos lados. Pregunte donde pregunte, la actitud siempre es la misma: odio sistemático hacia el juego Pokémon Go. Sigue leyendo

El Génesis del Apocalipsis según Antonio Cañizares

Publicado en el número de junio del periódico local Infoturia

Desde el centro de la oscura calle los ve saltar de balcón en balcón. Son muy rápidos, y solo dejan tras de sí una efímera sombra. Se esconden por todas partes, y los más intrépidos se infiltran entre la gente para convertirla y juntos poder destruir el mundo. “¿Qué queréis de mí?” Se pregunta aturdido. No puede verlos bien, pero los insurgentes llevan ropa extravagante. Las mujeres visten un mono lila, y andan demasiado espatarradas. Parecen camioneros. Los hombres llevan un mono rosa. Y al caminar son muy femeninos. Todos llevan en el pecho una exótica bandera de colores. “¡¿A qué habéis venido?!” El hombre tiene miedo. Cada vez son más. De entre las sombras aparece una silueta siniestra. Lleva una indumentaria reluciente, como de plástico, y un casco que le tapa la cara. ¿Es… Darth Vader? “Somos El Imperio”. ¡Pero si es la voz de Boris Izaguirre! “El Imperio Gay. Y venimos con ateos, feministas y refugiados a dominar el planeta”. Antes de poder contestar a esa blasfemia, Antonio abre los ojos asustado. Dios mío… ¿ya estamos otra vez? ¡Y aun no es de día! Sigue leyendo