Diario de una despedida III

Cada segundo a tu lado era para mi como un regalo. Sabía que pronto partirías, y mi misión rutinaria era decirte a la cara lo mucho que me importabas. Tu mirada se iba apagando con el paso de los días. Tu cuerpo ya no respondía como lo hacía antes. Las manos te temblaban y las palabras se te hacían cada vez más impronunciables. Pero yo solo estaba ahí para cuidarte. Sigue leyendo

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