Hiperactividad, el esfuerzo por conseguir la calma

Paula mueve la cucharilla con ímpetu, como si se hubiera tomado tres cafés seguidos. Pero no, el suyo es descafeinado y del tiempo. Cinco vueltas a la taza y suelta la cuchara en el plato: no le gusta el sonido agudo y estridente del metal contra el cristal. La pone nerviosa. Antes de dar el primer sorbo a la taza coloca su pelo rubio y ondulado sobre el hombro derecho. Siempre el hombro derecho. De forma inconsciente estudia la disposición de los objetos sobre la mesa. Desplaza a la izquierda la taza de café. Recorre unos diez centímetros hacia la derecha el servilletero. Cuando cree que todo está en orden se acomoda en la silla y coge de la mochila un artículo muy especial: un radiocasete infantil. La obsesionó cuando era pequeña. Ni su madre podía tocarlo. Fue una niña traviesa y maniática. Se pasaba los días ordenando cosas por colores, por orden alfabético, por tamaños. Ahora, con 22 años, sabe que aquella inquietud y sus obsesiones tenían un nombre: hiperactividad. Sigue leyendo