Las almas renacerán en Halloween

– No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween.
– ¿Por qué, mamá? Sigue leyendo

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Memento mori

Hazme daño una y otra vez. Quema mi piel y haz que a través de mis venas sean mis pensamientos los que ardan. Aráñame por la espalda y no te detengas si mi garganta ruge. Te pediré que pares. Que me escuches. Que puedo hacerlo mejor. Pero tengo de locura marchitado el conocimiento. Y el conocimiento agotado de tantas palabras. Palabras que suenan, pero nunca perforan. Sigue leyendo

Ojalá, Susana, ojalá

Lo siento. Siento no haberte podido sacar de esa caja de madera acolchada. Siento no haber podido prestarte parte de la vida que todavía me queda. Siento no haberme podido poner en tu lugar, aunque solo fuera por unos días, para que pudieras disfrutar sin la sombra amenazante de esta maldita enfermedad. Lo siento, y lo siento de verdad. Sigue leyendo

Yo juego al #PokémonGo, y no soy idiota

“¿En serio juegas al Pokémon Go?”. Una cara de asco para acompañar el tono irritante. “La gente que juega a eso es imbécil”. Las cejas muy juntas, formando una uve sobre la nariz y enseñando un rostro enfadado. “Lo que me preocupa es que los jóvenes ya no buscan trabajo, solo buscan pokemons”. Mirada de resignación, con los ojos medio cerrados y un movimiento asimétrico de la cabeza hacia ambos lados. Pregunte donde pregunte, la actitud siempre es la misma: odio sistemático hacia el juego Pokémon Go. Sigue leyendo

El machismo también destruye a los hombres

Publicado en el número de marzo del periódico Infotúria

“Cuando mi madre me mandaba a comprar siempre se me olvidaba algo. ¡Si me aprendí el nombre de mi mujer después de ocho años!”. Y la sala al completo rompe a reír. “Y es que los hombres somos despistados por naturaleza. Está en nuestros genes. Cuando esto pasaba, mi madre me tiraba una zapatilla que me daba en la cara. Eso jodía, claro que, con mi mujer, es peor. Porque me deja un mes sin… bueno, ya sabéis”. De nuevo risotadas y algún que otro aplauso improvisado. Yo, que he pagado mi entrada para estar en ese teatro, yo, que venía con ganas de disfrutar de unos cuantos monólogos, no puedo dar crédito a lo que escucho. ¿Soy la única a la que no le hacen ni pizca de gracia los chistes machistas y estereotipados? Sigue leyendo