Las bacterias del Pleistoceno y tu entrecejo

Después de un largo día de trabajo en la mina, no hay nada que reconforte más a un hombre que beberse una cerveza y dedicarse a la costosa labor de arreglar algo de la casa. Aunque en este caso hayas estado todo el día tocándote las narices, bebas agua mineral porque el agua fría te constipa la garganta y seas una mujer. Pero, oye, una también es feliz cumpliendo tópicos. Sigue leyendo

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La culpa es de las tallas

“¿Cuántas prendas llevas?” Y ahí ya se fastidia el invento. Mientras pones cara de “atiquénaricesteimportaguarra” te toca sacar la mejor de tus sonrisas, meter tripa y volcar el carro de la compra sobre la mesa de la dependienta. “Llevo veinte, veinte pantalones”. Entonces la luz oscura se cierne sobre el rostro artificial de esa barbie. La misma a la que le hacen la ola cuando entra a una tienda de cosméticos. No por guapa. Sino porque lleva sobre sus mejillas el maquillaje que una persona mortal se pondría hasta alcanzar segundo tercio de su vida. “¿Algún problema?”. Y en su cara anaranjada ves la viva imagen del cabreo. “No… para nada. Solo que el máximo de prendas que puedes entrar al probador son 9”. A lo que tú, intentando disimular la gota de sudor que te ha provocado el hecho de recorrerte toda la tienda en busca de ese valioso tesoro, le gritas para tus adentros: “Venga coño, ¿crees que voy a abrir un portal mágico tras el espejo del probador con mi barita de Hogwarts y voy a volatilizar estos pantalones?”. Pero en ese momento la educación llama a tu puerta, y no te queda más remedio que dejarle entrar: “Vale. Pues haré tres viajes”. Sigue leyendo

Mi Facultad no tiene césped

Sí. A mí me sangraron 1.458 €. Sí. Has leído bien. Es un punto. No una coma: mil cuatrocientos cincuenta y ocho euros. Sí. En pesetas más o menos el sueldo que ha ganado mi padre en unos diez años de actividad laboral: 242.591 pst. ¿Qué en qué me lo sangraron? En la matrícula de la Universidad de Valencia. Una matrícula estándar de 10 asignaturas. Bueno, vale, de 11: Instituciones políticas y contemporáneas, una asignatura muy útil para el correcto funcionamiento de todos los ámbitos que mi vida abarca, se me atragantó. Y como no podía ser de otra manera, eso aumentó en 360 euros la matrícula habitual. Pero bueno, esa es otra historia. Sigue leyendo

El Ámbar y el Supóforo

El color ámbar, de por sí, no es un color bonito. Y no me mires así. Lo sabes tan bien como yo. Pero coño, pues es necesario. Más de lo que pensamos. Aunque necesario en determinados ámbitos, ¿eh?, no nos vayamos a emocionar. Y es que una sudadera de color ámbar, mostaza o caca de paloma con indigestión no resulta agradable a la vista humana. Por no hablar de esos pantalones imprimidos en escupitajo de Homer Simpsons (por lo del color ámbar, mostaza, o caca) que tanto se llevan ahora. Pero bueno, esa es otra historia. La cuestión: que el ámbar es necesario. Sigue leyendo

Vendidos

Pero qué manía tan insana de inmortalizar cada momento. ¿Que estás en mitad de una cena con tus amigos y, justo cuando le acabas de pegar el mordisco de tu vida a tu bocadillo de lomo con patatas, al gracioso de turno se le ocurre hacer una foto? Pues ale, mastica como si no hubiera mañana, engulle como si fueras una vaca, elimina de tu dentadura ese trozo de carne del tamaño de una isla volcánica y sonríe. Sí sí. Sonríe. Que si no luego es peor. Que la cara de pitbull rabioso nunca queda bien en las redes sociales. Porque esa es otra. Después, hasta la prima de la mejor amiga de la madre de tu compañera de clase se entera de a qué hora has salido a cenar, de con quién has estado y, sobre todo, de qué contenía ese pobre bocadillo que sujetabas con las manos llenas de aceite. Joder, es que una ya no puede cenar tranquilamente. Sigue leyendo

Cuánto daño ha hecho Xplora

Sí… lo admito: me gusta mucho fantasear. Ya sabes, soy una de estas personas que mira al cielo cuando va sentada en el coche esperando a ver algo inusual en él. Pero que lo espera con ganas, con ilusión, nada de tonterías. Incluso me pongo nerviosa pensando en qué haría si en ese momento surcara los cielos un extraterrestre perdido en la vía láctea. Sí. Un extraterrestre. Que digo yo… lo primero que se me pasaría por la cabeza es en qué narices estaba pensando ese para terminar metido aquí, con la que está cayendo. Pero bueno. Sigue leyendo