Tauromaquia: arte y tradición no son suficientes

 

Publicado en el número de septiembre del periódico local Infotúria:

Todo el mundo lo mira. Gritan cosas que no entiende y hacen gestos violentos contra él. Alguien le propicia un fuerte golpe en una de las extremidades. ¿Qué está pasando? Un calor abrasador le inunda la cabeza. No entiende nada. Está aturdido. Y la única escapatoria que tiene es correr de un lado para otro mientras le tiran objetos desde los balcones. Hay mucho ruido y huele a humo. Un humo que no le deja respirar. Solo le queda defenderse. Defenderse con sus  cuernos del otro animal que tanto daño le está haciendo. Sigue leyendo

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Del Levante a La Vanguardia

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? ¡Yo emocionada! El pasado domingo día 30 de agosto el periódico valenciano Levante, uno de los más leídos de la Comunitat Valenciana, publicó mi reportaje “Esclavos del canon de belleza”. Si bien os había enseñado un trabajo similar en la sección de CuentaFoto, mucha de la información tratada es nueva y diferente. ¡Quizá os interese! Sigue leyendo

No es lugar para gordos

Una mujer guapísima. Ojos grandes y llenos de vitalidad. Sonrisa agradable y dientes tan ordenados que ni siquiera parecen reales. Cuerpo perfecto. Sin un ápice de grasa. Vientre plano y piernas delgadas. Eva la mira desde la parada del autobús. En el fondo se lamenta. Solo es capaz de pensar en cuánto le gustaría ser como aquella modelo de la valla publicitaria. Pero nunca lo conseguirá: ella mide 1,62 cm, pesa 80 kg, y tiene un aspecto bastante habitual –ni dientes perfectos, ni ojos grandes, ni melena ideal ni sonrisa de cine-. Solo es ella: Eva. Sigue leyendo

Una española y un argentino cambiando puntos de vista

Por cosas como estas, el pesimismo que siento hacia la raza humana disminuye. Hace un par de días vi un mensaje en la página de Facebook de Ni un segundo de silencio. Me sorprendí. No es lo habitual. De hecho no me había pasado antes. Era un chico muy simpático llamado Demián. “Soy argentino”, me dijo entre palabras propias de su tierra que yo, inconscientemente, leía con acento sudamericano. Me contó que su padre vivía en Barcelona, y lo que me preguntó a continuación me dejó un poco estupefacta: “¿Cómo está todo por allá? ¿Están en medio de la reorganización del país, no?”. Sigue leyendo

Los violentos son los otros

Hace unas semanas me quedé cuidando de mi sobrina. A sus tres años es más inquieta de lo que yo fui en toda mi infancia y, a veces, se muestra demasiado posesiva. Supongo que esta débil descripción serviría para definir al noventa y ocho por cien de los niños de todo el mundo. Pero como no los conozco, y aunque pudiera no querría tenerlos a todos bajo el mismo techo ni por un segundo, prefiero hablar de mi sobrina. Recuerdo que le regalé un peluche de Pepa Pig, la cerdita de moda entre los niños. Estaba pletórica con su juguete y no se quiso separar de él en toda la tarde. Como era de esperar, yo pasé a un segundo plano por culpa de un peluche de tela relleno de espuma y algodón. Cuando llegó la hora de merendar puse sobre la mesa unas galletas y una pieza de fruta para mi sobrina. Inocentemente le quité a la pequeña Pepa Pig de las manos y la senté en un lado del sofá. En qué mala hora… La niña se puso a llorar de manera desconsolada y me propició una buena palmada en el brazo. Intenté explicarle que aquello que había hecho estaba mal, que no se le pega a nadie, y que tenía que merendar para volver a jugar con Pepa Pig. Creo que no sirvió de nada. Realmente no entendía ni compartía lo que yo le estaba diciendo. Ella solo veía que su tía, que se había vuelto casi tan mala como la bruja de Blancanieves, le había quitado su juguete. Ni más ni menos. Sigue leyendo

Hiperactividad, el esfuerzo por conseguir la calma

Paula mueve la cucharilla con ímpetu, como si se hubiera tomado tres cafés seguidos. Pero no, el suyo es descafeinado y del tiempo. Cinco vueltas a la taza y suelta la cuchara en el plato: no le gusta el sonido agudo y estridente del metal contra el cristal. La pone nerviosa. Antes de dar el primer sorbo a la taza coloca su pelo rubio y ondulado sobre el hombro derecho. Siempre el hombro derecho. De forma inconsciente estudia la disposición de los objetos sobre la mesa. Desplaza a la izquierda la taza de café. Recorre unos diez centímetros hacia la derecha el servilletero. Cuando cree que todo está en orden se acomoda en la silla y coge de la mochila un artículo muy especial: un radiocasete infantil. La obsesionó cuando era pequeña. Ni su madre podía tocarlo. Fue una niña traviesa y maniática. Se pasaba los días ordenando cosas por colores, por orden alfabético, por tamaños. Ahora, con 22 años, sabe que aquella inquietud y sus obsesiones tenían un nombre: hiperactividad. Sigue leyendo