Horizonte en llamas

Un cable de luz se desprendió del poste y cayó en mitad del campo. El primer cultivo verde que había crecido en estas tierras ardía imperioso ante nosotros. El crepitar del maíz consumiéndose nos hizo entender que aquel invierno tampoco comeríamos. Mi padre rezaba, y mi madre se negaba a creer lo que estaba pasando. Yo, jugueteando con unos alicates escondidos en el mono de trabajo, miraba hipnotizada las llamas. Ya no más guerras en este mundo naranja. Si mis cálculos no fallaban, estaríamos todos muertos antes de que las luces intentasen poseernos de nuevo.

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