Bruma

Nadie escuchaba la lluvia. ¿Por qué? Caía con tanta fuerza que me perforaba los tímpanos. Los tejados se quejaban con cada gota. Sufrían. Y yo con ellos. Era imposible salir a la calle sin que te atravesara la ropa, llegara a tu piel y la magullara. Era densa, casi sólida. Agrietaba el suelo. Hacía temblar las farolas. Moldeaba el horizonte convirtiéndolo en una línea inestable. Sin embargo, nadie la escuchaba. Para el resto no existía. Pero en mi mente… en mi mente siempre llovía.

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