Pureza consumida

Le encandiló la gracilidad de sus pisadas. Parecía que no caminara, sino que acariciara el suelo a su paso. Ni siquiera la escuchó cuando se acercó, pero pudo sentir su energía atravesándole las entrañas. Cuando la miró a los ojos, la explosión de mil estrellas le sacudió el corazón. Nunca antes había visto tal belleza, y su mente se detuvo, incapaz de pensar, incapaz de controlar. Se liberó y entregó a la pureza de las emociones. Con el corazón en la garganta, cayó de rodillas en el suelo y rompió a llorar. Era la primera vez que conseguía ver su propia alma. Y aquella, aquella se le aparecía para advertirle de que ya era demasiado tarde.

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