Memento mori

Hazme daño una y otra vez. Quema mi piel y haz que a través de mis venas sean mis pensamientos los que ardan. Aráñame por la espalda y no te detengas si mi garganta ruge. Te pediré que pares. Que me escuches. Que puedo hacerlo mejor. Pero tengo de locura marchitado el conocimiento. Y el conocimiento agotado de tantas palabras. Palabras que suenan, pero nunca perforan.

Hazme daño. Una y otra vez. Tantas como sea necesario para aprender a entender. Quiero que me rompas los tobillos para que ya nunca pueda huir. Que claves espinas en la suela de mis zapatillas para que cada paso me sepa a sangre.

Yo nunca quise llevar por ojos el peso de mil batallas. Nunca quise el castigo. Pero castigo es lo que te exijo ahora. Quiero que inventes, que maquines mil historias. Quiero escuchar de tu boca cómo muero en cada una de ellas. Cuando no hay realidad a la que volver ni raíz de la que renacer, lo único que quedan son historias.

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