No es lugar para gordos

Una mujer guapísima. Ojos grandes y llenos de vitalidad. Sonrisa agradable y dientes tan ordenados que ni siquiera parecen reales. Cuerpo perfecto. Sin un ápice de grasa. Vientre plano y piernas delgadas. Eva la mira desde la parada del autobús. En el fondo se lamenta. Solo es capaz de pensar en cuánto le gustaría ser como aquella modelo de la valla publicitaria. Pero nunca lo conseguirá: ella mide 1,62 cm, pesa 80 kg, y tiene un aspecto bastante habitual –ni dientes perfectos, ni ojos grandes, ni melena ideal ni sonrisa de cine-. Solo es ella: Eva.

Se pone a ojear una revista que alguien ha dejado en el asiento de al lado. Es de una tienda de ropa. “¡Qué chula está esta camiseta!”. Pero siempre ocurre lo mismo. Al mirar las tallas descubre que la máxima es una ‘L’. Y, además, una ‘L’ bastante pequeña. Se siente frustrada. Deprimida. Tener que levantarse cada mañana y hacer frente a los cuerpos perfectos que inundan todas las vías de comunicación solo le crea inseguridad. Miedo. Rechazo por ella misma. Definitivamente no hay un sitio para ella en la sociedad que la rodea.

Decide relajarse y sobrellevar la situación de la mejor manera posible. Quizá leer un poco la prensa ayude a disipar esos pensamientos destructivos. Antes de pulsar sobre el primer titular… ¡Plim!… Un anuncio publicitario inunda la pantalla. Una mujer perfecta vestida con un pantalón extracorto y una camiseta extratransparente utiliza una cuchilla de color rosa chillón para depilarse las piernas: “No le des la espalda al verano. ¡Úsalas!”.

“¡Jod**!” De la inseguridad pasa a la rabia. Una rabia que la acompaña desde hace muchos años. Eva está cansada de vivir en un mundo hecho solo para personas perfectas. Cansada de no sentirse identificada en su propia sociedad. De ir a comprar ropa y no poder encontrar ninguna prenda por el simple hecho de tener un ligero sobrepeso. Le duele que el canon de belleza premie la delgadez excesiva. Que las personas “perfectas” se identifiquen con aquéllas que alcanzan el éxito, que son independientes y trabajadoras. Es totalmente injusto. Y más injusto es sentir cómo cada individuo intenta parecerse lo máximo posible a algo tan inhumano y artificial: el canon de belleza.

“Basta ya”. Con el orgullo a flor de piel y la fuerza restaurada, sube al autobús llena de seguridad. No buscará encarnar el prototipo de belleza. No será del 44% de la población que se pone a dieta al comprobar que no utiliza la talla de ropa que creía. No se dejará llevar por las apariencias y asumirá con endereza que, en el mundo en el que vive, en los valores y en la estructura cognitiva de la sociedad, no hay lugar para gordos.

¿Y qué? Ella seguirá siendo ella: Eva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s