Radioastronomía: nuestros verdaderos ojos para estudiar el universo

  • La radioastronomía percibe los diferentes tipos de frecuencias radioelectromagnéticas provenientes del universo

  • Gracias a ella podemos ver el interior de las galaxias, el nacimiento y la vida de las estrellas, y los efectos de los agujeros negros en su entorno más cercano

El Universo es de todos. Es democrático. Quizá esta fue una de las máximas que llevó a Francisco Colomer Sanmartín, doctor en Astrofísica en el Observatorio Astronómico Nacional, a convertirse en un buen comunicador de la ciencia, transformando los aspectos más complejos en conceptos sencillos y fáciles de entender. Hoy es el invitado especial del tercer ConecTalks, el ciclo de charlas de divulgación científica que se celebra en la Fundación Cañada Blanch, y será la voz cantante durante la conferencia “Radioastronomía: desvelando el universo invisible”.

“La radioastronomía nos permite percibir mucho más de nuestro universo que los telescopios ópticos”. Esa es la idea con la que el Doctor Colomer empieza el coloquio. Y es que esta rama de la astronomía, la más reciente y sobre la que más expectativas se tiene, estudia el cosmos a través de las ondas de radio que este emite. Pero conseguir ver en el universo aquello que nuestros ojos no pueden, tiene un coste. La radioastronomía precisa de herramientas muy costosas y, además, cuantas más parabólicas se tengan trabajando al unísono mejores resultados se obtienen. Estas características hacen que la radioastronomía necesite de colaboraciones internacionales para crear este tipo de observatorios. Aunque actualmente se trabaje sobre proyectos realmente ambiciosos en esta materia (ALMA o SKA, entre otros), lo cierto es que en ocasiones la colaboración entre países es dificultosa por los intereses y los medios de cada uno.

¿Cómo funciona la radioastronomía?

La radioastronomía permite que apreciemos “diferentes tipos de frecuencias radioelectromagnéticas provenientes del universo”, explica el Doctor Colomer. Los acontecimientos cósmicos que tienen lugar en el espacio liberan mucha energía en diferentes frecuencias o longitudes de onda. Dependiendo de su energía, estas ondas serán más intensas o menos intensas. “Con los radiotelescopios captamos las frecuencias menos energéticas y con longitudes de onda más corta, que son las ondas de radio provenientes del universo distante y frío”, explica Francisco Colomer.

Los observatorios radoastronómicos están formados por una o varias antenas parabólicas conocidas como interferómetros. Estas antenas recogen las ondas electromagnéticas y transmiten la energía al receptor, que se encarga de interpretarla e identificarla. La anchura de las parabólicas mejora la calidad de su trabajo, ya que permite una mayor amplificación de la información recibida. “Para aumentar el rendimiento de los observatorios radioastronómicos se construyen amplias redes de interferómetros”, explica Francisco Colomer. “El tamaño importa poco, lo importante es que existan muchos y a una distancia apropiada, incluso a lo largo de toda la corteza terrestre. Luego se combina la información y los resultados son mucho mejores”, añade.

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¿Qué nos permite conocer la radioastronomía?

Gracias a esta rama de la astronomía se puede llegar al corazón de las galaxias, ya que las ondas de radio atraviesan las grandes masas de gas y polvo que habitan en ellas. Estas nubes opacas restan visibilidad y hacen imposible que grandes regiones de las galaxias se puedan observar con telescopios. Por suerte la radioastronomía es capaz de llegar hasta el rincón más escondido de cada objeto estelar y ofrecer información detallada de lo que sucede en ellos.

Con las ondas de radio también se puede observar el interior de los cuásares, que constituyen el núcleo de las galaxias activas y guardan en su interior un agujero negro. “Con la radioastronomía apreciamos el efecto y la sombra del agujero negro sobre la masa que orbita a su alrededor, y es una gran herramienta para entender estos objetos estelares”, explica el valenciano Colomer. Gracias a esta rama de la astronomía se analiza la evolución de las estrellas y se empieza a entender cómo de nubes cósmicas nacen nuevos astros. “Es realmente útil porque con los ojos este proceso no se puede ver, pero con los interferómetros vemos el nacimiento de estrellas, la muerte de muchas otras, y cómo se comportan las moléculas que forman las capas de cada estrella”, añade Francisco Colomer.

Al captar las ondas de determinadas frecuencias podemos escanear una misma parcela en el espacio y descubrir fenómenos que no se ven a simple vista

Imagen que muestra una misma región del espacio estudiada en base a diferentes frecuencias de onda

En esencia la radioastronomía estudia el universo distante y frío, el más lejano a nosotros. Allí hay moléculas interestelares que “podemos estudiar gracias a este sistema: analizamos su formación y su evolución”, explica el astrónomo. “A través de la radiación y el brillo que emite una molécula, rotando o vibrando, vemos de qué molécula se trata”, añade. Por tanto la radioastronomía son nuestros verdaderos ojos para estudiar el universo.

La geodesia espacial

La radioastronomía tiene innumerables aplicaciones. Una de ellas, quizá la menos conocida, es la geodesia, que permite estudiar la Tierra por medio de radiotelescopios. Gracias a esta técnica se determina con precisión las coordenadas en la superficie terrestre, el método a través del cual funcionan los sistemas GPS. También se puede estudiar el movimiento de los continentes y el campo gravitatorio de la Tierra, la duración del día y su rotación.

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España, un país pionero

Francisco Colomer terminó el coloquio resaltando la buena salud de la que goza la radioastronomía en España. “Es mucho mejor de lo que se podría esperar de un país como el nuestro, a pesar de la situación económica, y cuenta con los mejores expertos y con una muy buena instrumentación”, explicó el astrónomo. Probablemente el Observatorio Astronómico Nacional, en el que trabaja el Doctor Colomer, “es el mejor de Europa y uno de los mejores del mundo, que nos permite estar en primera línea en muchos de los experimentos europeos”, concluyó.

 

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