Quítate la ropa

Respiró hondo antes de encender el ordenador. Sentía como un océano de nervios la invadía por dentro. Desde el estómago hasta la boca. Desde la boca hasta el cerebro. Desde el cerebro hasta la parte más íntima de su cuerpo. Le tembló el pulso cuando introdujo el usuario y la contraseña. Otra vez lo mismo de siempre. Miró con esperanza aquel icono que le indicaba si la conexión se estaba realizando. Una voz estridente y aguda danzaba por su cabeza. “Por favor… que de error”.Nunca le servía de mucho. Antes de que pudiera ser consciente de todo el daño que le provocaba aquella situación el icono cambió de color. “En línea”. No supo que hacer. Pero aquello duró muy poco. Una nueva conversación se abría en el ordenador. “Ya estabas tardando”. Al lado del comentario una foto de un hombre. Barba canosa de varios días y unos labios húmedos que escondían los dientes amarillentos. “Hoy tengo muchas ganas de ti”. Ni siquiera le dio tiempo a contestar. Un cuadrado en la parte derecha de la pantalla se abrió. En unos segundos pudo ver su cuerpo de adolescente encarcelado en el monitor. “¿A qué esperas?”. Una punzada en el corazón. “Quítate la ropa”.

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