No hace falta

Sopló las velas con todas sus fuerzas, pero aquellas llamas chispeantes ni siquiera se movieron. Miró a su alrededor en busca de algún invitado. Aunque hacía varios años que no tenía ninguno su esperanza se mantenía intacta.

Dibujó con la nata un pequeño corazón en la esquina de la mesa. ¿Qué importaba? Nadie comería pastel. Inhaló el frío aroma a invierno que entraba por la ventana intentando contener las lágrimas que enmarcaban sus ojos. No quería que la vieran llorar. Aún así… ¿Qué más daba? No había estado tan sola en su vida. Se levantó alicaída y cruzó la sala casi flotando. No entendía cómo se habían vuelto a olvidar de ella. ¿A caso hacía falta estar viva para celebrar su cumpleaños?

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