Sin remedio

Toda la vida la habían enseñado a sobrevivir en mitad de medios hostiles. A coger su lanza, afilar la punta con la ayuda de una roca y defender su espacio. Toda la vida había pensado que una especie de torrente de energía se había encargado de colocarla en el lugar en el que estaba, como si tuviera una función en la vida, como si su nacimiento no se tratara de una mera casualidad y su experiencia vital fuera a dejar su estela en la historia de la humanidad.

Toda la vida creyendo algo que no era. Ahora había perdido la fe en sí misma, la fe en el mundo, la fe en las destrezas que con esmero y dedicación sus padres le habían enseñado. Sentía que aquel medio hostil para el que tanto se había armado la devoraba sin ningún remedio. Estaba sumergida en el cauce del río de la vida. Empujada por la corriente a lugares en los que ni ella quería estar. Demostrándole a cada instante que de nada servía aquella lanza que tanto afilaba, pues ni siquiera con la ayuda de ésta era capaz de detener su destino.

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