Vendidos

Pero qué manía tan insana de inmortalizar cada momento. ¿Que estás en mitad de una cena con tus amigos y, justo cuando le acabas de pegar el mordisco de tu vida a tu bocadillo de lomo con patatas, al gracioso de turno se le ocurre hacer una foto? Pues ale, mastica como si no hubiera mañana, engulle como si fueras una vaca, elimina de tu dentadura ese trozo de carne del tamaño de una isla volcánica y sonríe. Sí sí. Sonríe. Que si no luego es peor. Que la cara de pitbull rabioso nunca queda bien en las redes sociales. Porque esa es otra. Después, hasta la prima de la mejor amiga de la madre de tu compañera de clase se entera de a qué hora has salido a cenar, de con quién has estado y, sobre todo, de qué contenía ese pobre bocadillo que sujetabas con las manos llenas de aceite. Joder, es que una ya no puede cenar tranquilamente.

Pero la cultura de la foto, el vídeo, el montaje y la putada, porque habitualmente es una putada, se extiende. Y se extiende de forma preocupante. Es que ahora hasta el plato de pasta que una se ha hecho mientras se deprime viendo una novela de estas mejicanas aparece en el tablón de su Facebook. Lo mejor de todo es la leyenda que la acompaña: “Comidita rica que me ha hecho mi chico!!”, o, en su defecto, “ComidiTaaA k m a exoOo mi NeNeeE!! cOmoo lo AmoOOO!!”. Cuando en realidad, ni te han preparado ese plato de macarrones con tomate ni tu novio tiene esos detalles contigo, si es que hay algún novio.

Como siempre, nos rendimos fácilmente a eso que llaman apariencias. Y resulta curioso. Curioso porque todo el mundo sabe que este tipo de redes crean una adicción insana que te lleva a narrar tu vida en público como si resultara interesante. Y aquellos detalles que quieres pero no tienes, ¡te los inventas y listo! Todo forma parte de un instinto más primitivo que la partida de nacimiento de la Duquesa de Alba: ser mejor que el que tienes al lado.

Y es que es verdad. Vivimos en un estado anímico de competitividad continua que nos fuerza a querer más que el resto. ¿Que tu amiga se compra unas gafas de tonelada y media, de estas que llevan más moldura que cristal y en lugar de dejarte ver te hacen sombra? Pues tú, unas más grandes. ¿Que tu amigo ha compartido una entrada contra la caza indiscriminada de moluscos en las costas asiáticas con un enérgico: “Noo ay Derecho!!!”? Pues tú la compartes. Y no solo eso. Es que encima te haces “fan” de miles de páginas que apoyan causas similares. Que no lo critico. Me parece más que positivo concienciarse con el medio ambiente. Pero si lo haces, hazlo porque lo sientes de verdad, no por el efecto dominó.

Y así pasa con todo. Todo forma parte de una especie de ciclo vital entre el individuo y su ordenador, pc, computadora, hiper puteador (HP), o como quieras llamarlo. Pero ya hay pocas cosas en la vida del ser humano que no pasen por un “Me gusta”, un estado de Facebook o un tweet de 140 caracteres.

En fin. Voy a mis perfiles sociales a compartir este post.

¿Ves?

Siempre terminamos vendidos.

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3 comentarios en “Vendidos

  1. ¡Cuánta razón tienes! Aplaudo tu crítica y tu aparente cinismo. Gracias por poner tu palabra más allá de mi pensamiento. Mientras que yo lo pensaba tú ya lo habías escrito. ¡Vaya! Me acaba de salir un microrrelato. Lo publicaré. Doy mi palabra. Y te lo dedicaré, mi estimada Andrea.

    • Andrea L.Zanón dijo:

      Esperaba esta precisa reacción por tu parte, sé que eres muy crítico con estas cosas y de un modo u otro has estado presente en toda esta reflexión. Como siempre, seguiré tu trabajo a la espera de ese microrelato. Me siento musa! jajaj Un abrazo

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