Aquellas cosas que nunca pude decirte

Cada día te doy las gracias, aunque mis palabras nunca tengan la suficiente fuerza como para atravesar el aire y llegar a tus oídos. Desde el otro lado de la cama, me miras con tanta dulzura que me haces crecer. Consigues que por un instante sueñe con superar cada una de las barreras que la vida ha puesto en mi camino. Tus manos suelen estar frías. Pero siempre las calientas antes de acariciarme las mejillas. Te juro que cuando pueda levantarme nos iremos a todos esos sitios de los que siempre me hablas. A la montaña, donde te criaste; al río, donde aprendiste a nadar; a la sombra de tus experiencias, que te enseñaron a vivir. Lo haremos todo juntos. Haces que sienta que puedo. Y sé que podré.

Aunque después apagues la luz, me encanta el momento en el que te abalanzas dulcemente sobre mi y me abrazas, dándome las buenas noches. Yo quiero corresponderte. Pero lo único que puedo hacer es abrirte mi corazón.

Lo que no termino de entender es por qué sollozas al cruzar el umbral de la puerta. Incluso escucho como tus pasos se van tornando cada vez más apagados, y de repente se detienen. No sé por qué en ese momento siento una punzada en el corazón. Me gustaría levantarme, contarte todo lo que pienso cuando me miras y me hablas, arroparte como tú lo haces, acariciarte el cabello y animarte. Sé que algún día podré.

¿Sabes a quién echo de menos? A mis padres. Desde que salieron con el coche para hacer la compra no los he vuelto a ver. Y tengo tantas cosas que contarles… Tú siempre me hablas de ellos, y como si me leyeras el pensamiento, me dices que han salido y que no tardarán en llegar. Seguro que se han distraído dando un paseo, o en alguna tienda, a mamá le gustan mucho las tiendas. Pero bueno, llegarán, y estaremos los cuatro juntos.

Aunque hay alguna cosa que me perturba. Por las noches, cuando consigo evitar el dolor y por fin duermo, tengo pesadillas. Siempre es lo mismo. Vamos en un coche azul, parecido al de mi padre, y de repente se escucha un fuerte golpe detrás de nosotros. Luego todo se detiene. Se hace de noche. Y yo termino despertándome con el corazón en un puño. No sé por qué sueño esas cosas, seguramente sea por alguna película que haya visto, o simplemente sea mi imaginación. Lo mejor de todo es cuando entras en mi habitación y, como si hubieras percibido el miedo en mis pupilas, me arropas y me besas murmurando que todo ha sido parte de un sueño. Así consigo volver a dormir.

Ahora mismo estás leyendo junto a mi. No sé de qué libro se trata. Ni siquiera estoy segura de que sea un libro. Son unas hojas escritas a mano. De igual modo no importa. Es realmente precioso. Se me hace un nudo en la garganta.

Yo también te quiero, abuelo. Yo también tengo muchas cosas que agradecerte. Y cuando pueda levantarme… lo haremos todo juntos y, quién sabe, quizá mis padres también se apunten.

Pero… no termino de entender por qué me pides perdón. Ni por qué lloras. Ni por qué tiemblas. Ni tampoco por qué te despides. Yo siempre voy a estar contigo, abuelo, y tú conmigo.

Quisiera levantarme y animarte como tú me animas a mí, pero me está empezando a entrar algo de sueño. Quizá sea por las pastillas que me acabas de dar. Deben de ser buenas, porque por fin están consiguiendo que se vaya el dolor . Creo que lo mejor será que descanse. Mañana seguro que tienes nuevas historias para mí.

Te quiero, abuelo.

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4 comentarios en “Aquellas cosas que nunca pude decirte

  1. Fátima dijo:

    Increíble, Andrea. Sin palabras, de verdad…
    Tus historias siempre me envuelven, consigues emocionarme con cada palabra.
    Sigue así. Vales para esto (y de qué manera).

    • Andrea L.Zanón dijo:

      Muchas gracias, Fátima. Me alegra emocionarte, he de reconocer que es una de las historias que más me ha costado escribir. Gracias por tu apoyo, estas
      son las cosas que me ayudan a seguir. Un abrazo 🙂

  2. Laura dijo:

    Una vez más has conseguido hacerme llorar, meterme de pleno en la historia y quedarme con ganas de más.
    Hazme y hazte un favor, no dejes de escribir nunca, algún día llegarás lejos, lo sé.

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