A ciegas

Se apartó el pelo de la cara. Cuando lo hizo sintió en sus dedos el peso de la suciedad. Hacía más de un año que deambulaba sin más peso en sus bolsillos que el de los recuerdos y ni siquiera sabía cuándo había tenido la oportunidad de dedicarle algo de tiempo a su estómago. La vida le había dado aquéllo que él nunca se había merecido. Por eso ya no creía en nada que no fuera la realidad aplastante que desgastaba sus retinas. ¿Fe? ¿Confianza? ¿Ilusión? Todo el mundo intentaba vendérsela. Pero a él ya nada le importaba.

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