Caminando sin saber

Cuando el viento sopla de frente todo parece pesar mucho más. Te cuesta mover el cuerpo y sueles desear cambiar de dirección. Cuando el viento sopla de frente intentas recordar algún otro momento del pasado en el que superaste aquella adversidad. Pero el frío y la fuerza de esa especie de ser en movimiento termina contaminando tus ideas. Es entonces cuando te planteas si dejarte llevar por la corriente o continuar caminando a pesar de las lágrimas en tus ojos. Ni siquiera comprendes por qué no te detienes y esperas a que la tormenta amaine. Pero a tu cabeza solo acuden los espíritus del pasado. Recordándote el daño que te hicieron. Recordándote la derrota. Recordándote las lágrimas que te hicieron derramar en tu intento frustrado de vivir. Sientes cómo las extremidades se te van petrificando al igual que un día petrificaron tu corazón. El calor de tus entrañas se congela poco a poco y hasta las lágrimas terminan sucumbiendo al deseo caprichoso de la fuerza de ese viento seco. Al final tu cuerpo deja de sentir y continúa caminando. Caminando sin razón. Caminando sin sentido. Caminando sin saber.

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