¿Dónde está la buena música?

Andrea L. Zanón.- Cuando era pequeña, recuerdo a mi madre escuchando con emoción las canciones de su gran ídolo, Camilo Sesto, o de aquel joven que devoraba los medios de comunicación, Miguel Bosé, o de la folclórica más profunda de España, Rocío Jurado. Ellos tenían un estilo diferenciado. Absorbían la atención de la gente con el matiz más personal que pudiera caracterizarlos. Así construyeron su fama y su éxito: gracias a un talento irrepetible en cualquier otro artista.

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